20 abril 2012

El hombre más anciano del mundo.



Es un hombre de otro siglo. Pero no del anterior, como cualquier adulto, sino del XIX. Jirouemon Kimura es tan anciano que cuando llegó al mundo, el emperador Hirohito no existía ni en la cabeza de sus padres -adolescentes por entonces- y todavía faltaban más de cuatro décadas para que los aviones japoneses se lanzaran contra la flota estadounidense en Pearl Harbor. 

Nació este nipón el 19 de abril de 1897, exactamente un año y una semana antes del estallido de la guerra de Cuba. Una época en la que las mujeres no podían votar y la humanidad asistía entusiasmada a inventos hoy cotidianos, como el automóvil, el teléfono o la radio. 


Kimura es uno de los contadísimos miembros del exclusivo club de los supercentenarios, aquéllos que no se conforman con alcanzar los 100, sino que además rebasan los 110. Y nada menos que 115 primaveras celebró ayer este antiguo cartero y agricultor de Kiotango, rodeado en casa por su familia. Que no es poca: siete hijos (cinco vivos), 14 nietos, 25 bisnietos y 13 tataranietos. 


Es el varón más anciano del mundo desde que falleció Walter Breuning, un trabajador ferroviario de Montana que llegó a los 114 años y 207 días. «Es un gran honor, no puedo expresar mis sentimientos con palabras», se felicitó Kimura en su anterior cumpleaños, una semana después de heredar el récord. «Lo tomo como una señal del cielo, estoy muy emocionado», reconoció mientras degustaba un sabroso banquete: besugo a la parrilla, arroz al vapor, alubias rojas y sopa miso. 

Walter

Sólo dos mujeres le ganan en edad y ambas viven en EEUU: Dina Manfredini, nacida apenas dos semanas antes que él, y Besse Cooper, candidata a soplar 116 velas el próximo agosto. Tampoco es casualidad que un japonés lleve la corona de la longevidad masculina. La tierra del sol naciente supera a cualquier otra nación en esperanza de vida, con 82,7 años de media frente a los 80,4 de España, según el último informe de población de la ONU. 
Besse
Dina












Lejos de conformarse con su récord, Kimura ya ha avisado con una sonrisa de que no parará hasta cumplir los 120. ¿Su receta? Descansar largas horas en la cama y levantarse para las tres comidas diarias, pero siempre con moderación. El secreto, aconseja el anciano, consiste en plantarse cuando el estómago se llena al 80%. Y ser agradecido: a sus visitantes suele regalarles un «thank you» (así, en inglés) y unas dosis de buen humor.

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